viernes, 26 de agosto de 2016

De aceite y de luz

El Evangelio trae de nuevo a nuestra consideración la parábola de las diez vírgenes (Mt 25,1-13), que contiene la exhortación del Señor a la vela, como hacía la que meditábamos ayer.

Esta mañana, no sé porqué, esta parábola me animaba a hacer esta pregunta al Señor: "Jesús, ¿cuál es mi aceite, ese que he de gastar alumbrando sin olvidarme de reponerlo para continuar haciendo lo que tú quieres que haga?". Y seguía considerando en Su Presencia que mi aceite bien podía ser todo eso que me ha dado para hacer lo que me pide; esas cualidades que me definen en la medida en que apuntan a eso para lo que he sido creada.

Anímate a hacer a Jesús tú también hoy esta pregunta; házsela de corazón. Verás como te responde. Vamos a pedir unos por otros para que acojamos Su respuesta y aprendamos a mantenernos en vela tal y como Él quiere que estemos.



jueves, 25 de agosto de 2016

Aguardar esperando

Hoy Jesús nos invita a la fidelidad sirviéndose para ello de la parábola del administrador fiel (Mt 24,42-51). En ella también nos da a conocer el verdadero sentido de nuestra vida, de cada vida, que consiste en una espera paciente de Su venida con la que comenzará esa Vida en plenitud junto a Él que ha querido regalarnos.

Así, descubrir nuestro lugar en el mundo, según el plan amoroso y personal que Dios ha pensado para cada uno de nosotros, sus hijos, y permanecer en él aguardando Su llegada, se revelan como la tarea fundamental de toda vida humana. 

Se trata de perseverar de una forma concreta: esperándoLe a Él, mientras realizamos la tarea que nos ha encomendado; esperarLe sin que esa labor nos distraiga del verdadero propósito de nuestra existencia: aguardar Su venida para que, cuando venga, nos encuentre precisamente así: esperándoLe.



miércoles, 24 de agosto de 2016

Abiertos a las sorpresas de Dios

Hoy, fiesta de san Bartolomé, el Evangelio nos cuenta su vocación (Jn 1,45-51). 

Natanael, aunque tiene sus propias opiniones -"¿de Nazaret puede salir algo bueno?", pregunta a Felipe cuando éste le habla de que han encontrado al Mesías-, no duda en acompañar a su amigo cuando lo invita a ir con él para que contemple con sus propios ojos lo que le acaba de anunciar.

Sí, el apóstol tiene prejuicios y los expresa con claridad; pero también está abierto a aceptar que las cosas pueden ser de manera diferente a como él las concibe.

Ojalá que tú y yo tengamos su agilidad y su sencillez para acoger lo que contradice nuestras opiniones o certezas; ojalá que nos dejemos sorprender por el Señor asumiendo lo que puede ir en contra de nuestro parecer o de nuestras ideas. Porque el Señor premiará nuestra honradez y docilidad dándonos a conocer su intimidad, como hizo con Natanael a partir de aquel primer encuentro.



martes, 23 de agosto de 2016

Soplando cortinas de humo

Continúa Jesús el discurso de ayer y vuelve a llamar nuestra atención para que no nos dejemos atrapar por las cosas pequeñas descuidando, por ello, las esenciales (Mt 23,23-26). Porque, cuando nos hace perder de vista aquello que vino a concretar, la concreción empobrece.

Sí, concretar en cositas pequeñas, asequibles para nosotros, el ideal grande al que estamos llamados está muy bien... siempre y cuando esas cosas nos sirvan de ayuda. Pero cuando la multitud de concreciones levantan tal polvareda que nos impiden ver el horizonte, dejan de cumplir su misión de ayuda y se convierten en un obstáculo para conseguir precisamente aquello que pretendían procurar.

Jesús nos propone integrar: cuidar lo pequeño sin perder de vista lo esencial, aquello a lo que lo pequeño sirve. Su Espíritu nos ayudará a lograrlo. Y, cuando todo lo que es secundario adquiera ante nuestros ojos un tamaño desproporcionado, que no le corresponde, también nos auxiliará con Su gracia para que no nos dejemos atrapar por lo que no es tan importante como puede parecernos a primera vista. Que, cuando esto suceda, el Espíritu sople para disipar la cortina de humo que nos impide ver lo verdaderamente fundamental.



lunes, 22 de agosto de 2016

Descubriendo lo esencial

Hoy escuchamos a Jesús acusar a los fariseos de ser obstáculo que impide entrar en el Reino de los Cielos a los que quieren (Mt 23,13-22). Sí, ellos, que han enterrado la ley de Dios, que es ley de amor, bajo multitud de preceptos absurdos, se pierden en la maraña que han liado y hacen que otros muchos queden atrapados en la casuística legal que han inventado.

Y tras escuchar la voz potente del Señor, que trata de sacudir sus conciencias amodorradas en la justificación que pretenden haberse dado a sí mismos, queda en el aire el eco de la pregunta que les dirige repetidas veces: "¿Qué es más...?".

Escucha esta pregunta y siéntete interpelado por ella: "¿Qué es más...?". Escúchala cada vez que tengas que tomar una decisión, pequeña o grande; cada vez que no sepas cómo actuar o que no aciertes a dar con el camino o la solución correctos. En esos momentos de soledad frente a tu conciencia -que es la voz de Dios dentro de ti-, invoca al Espíritu Santo y pregúntate: "¿Qué es más?". Seguro que el Señor te va ayudando a desbrozar la selva de pensamientos, ideas, deseos... para que encuentres el camino que te conducirá al descubrimiento de lo esencial.



martes, 16 de agosto de 2016

Succionados por la fuerza del Espíritu

Hoy Jesús nos habla con fuerza para que nos decidamos a vivir con radicalidad las exigencias de Su mensaje diciéndonos que es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja a que un rico entre en el Reino de los Cielos (Mt 19,23-30).

Puede que cuando leamos ésta o parecidas páginas del Evangelio sintamos, como los discípulos, que los ejemplos que proponen están muy lejos de resultarnos asequibles. Pero, estoy segura, si no nos paramos en este juicio y dejamos que la Palabra de Dios nos seduzca, experimentaremos en nuestro interior Su atractivo y el deseo, sin duda puesto por Dios en lo más hondo de nuestro ser, de vivir así.

No ahoguemos ese deseo; antes bien, dejémoslo crecer dentro de nosotros; cuidemos de él como don de Dios que es, abrazándolo con nuestra libertad; pidamos al Espíritu Santo que lo haga cada vez más fuerte y poderoso, que lo convierta en un imán irresistible que atraiga nuestra voluntad. 

Éste es el principio del cambio en nuestra vida; el inicio de esa conversión continua a la que estamos llamados y que nos identifica con el Señor a medida que transcurre el tiempo que nos ha regalado precisamente para alcanzar esa identificación con Él. Porque si deseamos vivir como Jesús nos pide asistiremos, admirados, al cumplimiento de Su Palabra: "Para los hombres es imposible, pero no para Dios".

Que la fuerza del Espíritu nos arrastre hacia nuestro centro más íntimo, en el que Él habita y que, una vez allí, nos regale el don de vivir con radicalidad el Evangelio. Así, a medida que nos vayamos asemejando más y más a nuestro Modelo, alcanzaremos la plenitud que Dios ha pensado para nosotros.






lunes, 15 de agosto de 2016

Mirando a María

Hoy, día de la Asunción de Nuestra Señora, la liturgia presenta a nuestra contemplación el Evangelio de la visitación de María a su prima Isabel (Lc 1,39-56).

Vamos a fijarnos en la disponibilidad de nuestra Madre: su aceptación incondicional de los planes de Dios de Dios sobre Ella concretada en su "sí" para que el Verbo tomara su carne; su diligencia para acudir en ayuda de Isabel; su permanencia junto al Hijo hasta el momento decisivo de la Cruz; su acompañamiento de la Iglesia naciente esperando la venida del Espíritu...

Todo esto nos habla de su triunfo final, que hoy celebramos, y la entrega de la Madre al proyecto de salvación de Dios para con los hombres  constituye un acicate para imitar su ejemplo y seguir sus pasos. 

Para vivir como Ella vivió contamos con el auxilio constante de la gracia y con su ayuda maternal. Que hoy y siempre la Virgen nos ayude a elevarnos por encima de lo que nos impide vivir una entrega sin condiciones; que Ella nos enseñe el arte del olvido de sí para escapar del egoísmo y secundar los planes de Dios en nuestra vida.



domingo, 14 de agosto de 2016

Correr sin dejar de mirarLe

Hoy el Señor nos invita, por medio de Su Palabra, a correr tras Él sin dejar de mirarLe, porque en ese avanzar por el camino fijando nuestra mirada en Él está el secreto para coronar la meta (Hbr 12,1-4).

Esta carrera no está libre de obstáculos. Además, la marcha exige quitar lo que nos estorba para mantener el ritmo y desatarnos de lo que nos frena, renunciando al gozo inmediato, sin temer los ataques de todo lo que tratará de impedirnos continuar el camino empezado.

A esto estamos llamados: a correr sin desfallecer; a levantarnos tantas veces cuantas caigamos; a no "arrugarnos" ante las dificultades. Para correr así, Jesús nos ha dado Su Espíritu: ese Fuego que nos hace arder por dentro y que quiere servirse de ti y de mí para que el mundo entero arda en Su amor (Lc 12,49-53).

Ojalá nos decidamos a correr de verdad; ojalá corramos al ritmo que marca el Espíritu, dejándonos abrasar por Él, para poder prender ese Fuego divino a todo lo que entre en contacto con nosotros; ojalá que, mientras corremos, no dejemos nunca de mirar a Jesús. Él, que inició nuestra fe, la completará.



sábado, 13 de agosto de 2016

Acercándonos al Señor


Hoy vemos a Jesús rodeado de los niños que le han presentado para que les imponga las manos y rece por ellos (Mt 19,13-15).


El Señor nos anima a hacernos como esos niños. Y, si nos lo pide, sabemos que contamos con Su gracia para conseguirlo, aunque nos parezca difícil.

Me fijaba esta mañana sólo en un detalle que caracteriza a los niños y, que sé, le encanta a Jesús: la confianza. El niño es la "personita" que más confía, en todos, pero muy especialmente, en aquellos que le aman.

Vamos a hacernos conscientes de lo mucho que nos ama el Señor repasando nuestra vida con la luz que nos regala el Espíritu Santo; y, después de experimentar Su amor incondicional, lancémonos a sus brazos con confianza infantil abandonando todo en Él: nos impondrá las manos y rezará por nosotros...



viernes, 12 de agosto de 2016

Una fidelidad inquebrantable

Hoy el Señor nos recuerda, a través de Su Palabra, que Su fidelidad es eterna, firme, consistente; es la Suya una fidelidad que permanece inalterable ante nuestras infidelidades permitiéndonos retomar una y otra vez la intimidad con Él después de haberla dejado perder.

Permite al Señor que te hable al corazón rumiando lo que te dice a través del profeta Ezequiel (16,1-15. 60. 63); disfruta interiorizando el Evangelio en el que nos habla de la indisolubilidad del matrimonio como imagen de Su fidelidad inquebrantable (Mt 19,3-12). Y decídete, al fin y de una vez por todas, a apostar por Su Amor incondicional para alcanzar la plenitud de tu propia humanidad.